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Ley General

Nacemos, crecemos, trabajamos, formamos familias, envejecemos y morimos. El hambre, la procreación, la necesidad de trabajo y el miedo son algunas de las características que enlazan tal modo de vida, llamada en la tradición cristiana ortodoxa oriental –o cristianismo esotérico- Ley General. En este tipo de vida es el ego y no la voz de la Conciencia la que tiene el terreno ganado de antemano, y nos dejamos arrastrar por los impulsos egoicos de manera automática sin apenas darnos cuenta.

Sobre la Ley General, Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, escribió:
“El hombre, célula de la humanidad, forma parte de la vida orgánica sobre la Tierra. [...] En tanto célula de este órgano, el hombre se encuentra bajo el imperio de la Ley General, que lo retiene en su lugar. Es verdad que esta ley deja un cierto margen, una especie de tolerancia que le permite algunos “movimientos libres”, dentro de los límites que ella fija. En el interior de estos límites, objetivamente muy restringidos, pero que subjetivamente parecen vastos, el hombre puede dar libre curso a sus fantasías y ambiciones.
El mundo de la reacción y no la reflexión; los placeres, la ignorancia, el gregarismo y la carencia de autoconocimiento son las marcas de este sistema que se autorregula perviviendo a través de multitud de leyes.

Pero es sustancial tener presente que en realidad la Ley General no es una prisión, simplemente es el sistema con el que se rige la vida en la Tierra. Es una ley universal. No tiene relación con sistemas de control creados por élites secretas que gobiernan el mundo, ni fuerzas superiores a las humanas que nos manejan cual granja bovina. No es el caso. Todo eso existe en cierta medida, pero no es tan poderoso como suele creerse, ni tan importante.

Lo que es trascendente es conocer que tenemos la posibilidad de alejarnos de la Ley General con la finalidad de que no nos domine como hasta ahora. A esto lo llamaron Ley de Excepción. Trabajando sobre sí mismo, un ser humano puede participar en la Realidad si provoca la desaparición de sí. Si desaparecemos ante la Ley General, nos volvemos individuos íntegros, escogedores de nuestro devenir.

Por este motivo, salir de las influencias mecánicas que mantienen al colectivo humano en tal estado es un trabajo contra natura, porque no es común en nosotros transitar el Camino. Esto es lo que significa estar en el mundo sin ser del mundo: salirse de las leyes que a todos nos gobiernan para convertirnos en individuos íntegros que participan en la realidad de forma consciente y abarcadora. 

Ver también: 

- Influencias A e influencias B

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