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Bucle tetralógico

Una manera en que Morin organiza las interacciones y la naturaleza de los elementos que forman parte de un sistema es el bucle tetralógico. Veamos su definición:

“El bucle tetralógico significa que las interacciones son inconcebibles sin desorden, es decir, sin las desigualdades, turbulencias, agitaciones, etc., que provocan los encuentros.

Significa que orden y organización son inconcebibles sin interacciones. Ningún cuerpo, ningún objeto, pueden ser concebidos aparte de las interacciones que les han constituido y de las interacciones en las que participan necesariamente.
El bucle tetralógico significa también […] que cuanto más se desarrollan la organización y el orden, más complejos se vuelven, más toleran, utilizan, incluso necesitan del desorden. Dicho de otro modo, los términos de orden/organización/desorden y, por supuesto, de interacciones, se desarrollan mutuamente entre sí.

El bucle tetralógico significa, pues, que no se podría aislar o hipostasiar ninguno de estos términos. Cada uno adquiere su sentido en su relación con los otros. Es preciso concebirlos en conjunto, es decir, como términos a la vez complementarios, concurrentes y antagónicos.” – El método I




El bucle tetralógico nos ayuda a comprender mejor el funcionamiento de cualquier sistema. Un elemento no puede serlo sino por su relación con los otros. Sus interacciones lo definen, y describen las infinitas posibilidades y cambios que sufre todo el conjunto. 

Aprender

Aprender viene del latín “apprehendere”, compuesto por el prefijo ad- (hacia), el prefijo prae- (antes) y el verbo hendere (atrapar, agarrar). Hendere parece venir de la misma raíz –ghend que hedera (hiedra), que transmite la idea de enredar o atrapar.

El aprendizaje es el proceso por el cual las habilidades, percepciones, conocimientos, etc., son modificados o adquiridos. Su etimología nos muestra que aprender es abarcar, ir hacia un conocimiento para convertirlo en propio. 

Palabra

Palabra proviene del latín parabola, del griego παραβολή (parabolê). Se compone de un prefijo y un sustantivo: πάρα- (pára-) que significa al lado, y βολή (bolê, de βάλλω (ballo), lanzar. Literalmente significa lanzar a un lado, y en su forma abstracta describe el hecho de comparar, poner al lado de algo para compararlo. 

La palabra determina lo que algo es en sí mismo, cómo se asemeja o diferencia de otra cosa, y cómo representa un papel en la existencia del Universo.

Su simbolismo es trascendente en múltiples culturas de todo el mundo, y evoca el inicio de la Creación, tanto a nivel micro como macrocósmico. 

Para algunas tribus guaraníes, Dios creó el lenguaje antes de manifestar los elementos y la tierra. Para los canaca de Nueva Caledonia, como dice Maurice Leenhardt, “La palabra es un acto”, acto primero que invoca el poder de Dios. Juan Eduardo Cirlot, respecto a la tradición bíblica y su tratamiento hacia la palabra, escribió:

“En la tradición bíblica el Antiguo Testamento presenta el tema de la palabra de Dios y el de la sabiduría, que existen antes que el mundo, en Dios; por quien todo fue creado; enviada sobre la tierra para revelar los secretos de la voluntad divina; y vuelta con Dios, una vez terminada su misión. Así mismo para san Juan, el Verbo (el Logos) estaba en Dios; preexistía a la creación; vino al mundo enviado por el Padre para cumplir una misión: transmitir al mundo un mensaje de salvación; terminada su misión, vuelve hacia el Padre.”

Y en la filosofía griega:
“En el pensamiento griego la palabra, el logos, ha significado no solamente el vocablo, la frase, el discurso, sino también la razón y la inteligencia, la idea y el sentido profundo de un ser, el propio pensamiento divino. Para los estoicos, la palabra era la razón inmanente en el orden del mundo.”
Y concluye:
“Cualesquiera que fueren las creencias y los dogmas, la palabra simboliza de modo general la manifestación de la inteligencia en el lenguaje, en la naturaleza de los seres y en la creación continua del universo; es la verdad y la luz del ser.”
El acto de usar las palabras genera información, algún tipo de conocimiento o conciencia de lo existente. Define lo creado, y crea lo definible. Por ello, en multitud de enseñanzas de todos los tiempos se insta ser impecable cuando utilicemos la palabra.

También es importante el significado que le damos a las palabras y no sólo las palabras mismas. Como decía Gurdjieff, vivimos en el círculo de la confusión de lenguas. Con dicha afirmación no se refería a que utilizamos distintos idiomas para comunicarnos, sino a la diferencia de significado que cada ser humano le da a las palabras. Según la experiencia de vida, lo aprendido e integrado, cada persona le da un significado y valor concreto, normalmente diferente al de los demás, hecho que normalmente tiene su razón de ser en el ego. Además, curiosamente, cada persona defiende el significado que da a las palabras como idóneo y auténtico. 

Es probable que la historia bíblica de la Torre de Babel se refiriera realmente a que la arrogancia del ego y su consecuente confrontación con la Realidad crea una barrera para con los demás y la Creación, generando la aparición del lenguaje particular usado por cada ser humano, limitado y lejano a la Verdad.

Fuentes consultadas: 

-Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot. Ed. Siruela, 2002 

- http://etimologia.wordpress.com

Recuerdo de Sí

El Recuerdo de Sí es el estado interior de ser consciente de sí mismo y de la situación en que uno se encuentra. Se suele confundir este estado con uno de atención dividida, pero en realidad la atención dividida es una parte del Recuerdo de Sí. 

Si en el ejercicio de auto-observación vemos desde la lejanía psicológica nuestro estado interior, en el estado de Recuerdo de Sí vivenciamos nuestras dos naturalezas al mismo tiempo: la egoica y la consciente. A su vez somos conscientes de nuestra situación y del lugar en que estamos más allá de las clásicas conceptuaciones y valores añadidos que se le dan a las experiencias o a los objetos. 

El Recuerdo de Sí es un estado consciente en el que se vive el presente de instante en instante, sin juicios ni consideraciones intelectuales o emocionales ordinarias. Es un estado en que nuestra parte trascendente hace acto de presencia, en donde la subjetividad y la objetividad se funden y se compenetran entre sí. 

Resiliencia

En psicología, la resiliencia es la capacidad de un sujeto para sobreponerse y aprender de las dificultades de una situación dada. Es una actitud en la que la entereza y el proceso de comprensión de lo vivido genera el fortalecimiento de la persona. 

En un contexto de Trabajo interior, puede postularse que es el proceso de comprender y aprender de las situaciones experimentadas sin que el apego y la identificación con los estados psicológicos tomen una posición prioritaria en uno mismo. Es la ubicación de un estado más consciente que el ordinario, en el que se abarca más profundamente en las situaciones vividas y la manera en trabajamos con ellas. 

Ley de Excepción

En el instante en el que una persona se dispone a emprender la Búsqueda con una disciplina férrea, discerniendo y trabajando sobre cada paso en la Senda, paulatinamente va penetrando en otro tipo de vida, la cual, a medida que se sumerge cada vez más en ella, se vuelve  más y más contraria a la vida que ofrece la Ley General. Por ello, podríamos decir que el buscador se convierte en un individuo non grato para la Ley General, ya que su forma de vivir se aleja paso a paso de la idiosincrasia humana común. La Tradición Ortodoxa Oriental llama a esto Ley de Excepción.


La Ley de Excepción puede definirse como el lugar que ha de ocupar el individuo que tiende a andar el Camino. Cuando el buscador cambia su actitud hacia la vida y hacia sí mismo, orientada hacia propósitos elevados, va despegándose de la Ley General. Esto es lo que significa estar en el mundo sin ser del mundo. Dejar atrás todos los condicionamientos egoicos de un mundo estructurado y con un procedimiento concreto nos aleja de él. Estamos aquí, en el mundo, viviendo con la gente, rodeados de todo tipo de estímulos que nos someten. Pero internamente podemos ser dueños de todo cuanto hacemos, sentimos y pensamos. Todo está interrelacionado; formamos parte de un todo, y es en el centro de la acción, nuestra vida cotidiana, donde estamos para crecer y hacer. El desarrollo interno se vive en el lugar en el que estamos. Aquel que de buenas a primeras se marcha a la montaña, en realidad huye. Como se dice en el taoísmo, aquellos que se van después regresan, porque es en nosotros en dónde está el potencial de desarrollo interno y las herramientas para llevarlo a cabo. Así entonces, entrar en el ámbito de la Ley de Excepción es un proceso interno y no externo, y eso es estar en el mundo sin ser del mundo.

Ver también:

Ley General

Nacemos, crecemos, trabajamos, formamos familias, envejecemos y morimos. El hambre, la procreación, la necesidad de trabajo y el miedo son algunas de las características que enlazan tal modo de vida, llamada en la tradición cristiana ortodoxa oriental –o cristianismo esotérico- Ley General. En este tipo de vida es el ego y no la voz de la Conciencia la que tiene el terreno ganado de antemano, y nos dejamos arrastrar por los impulsos egoicos de manera automática sin apenas darnos cuenta.

Sobre la Ley General, Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, escribió:
“El hombre, célula de la humanidad, forma parte de la vida orgánica sobre la Tierra. [...] En tanto célula de este órgano, el hombre se encuentra bajo el imperio de la Ley General, que lo retiene en su lugar. Es verdad que esta ley deja un cierto margen, una especie de tolerancia que le permite algunos “movimientos libres”, dentro de los límites que ella fija. En el interior de estos límites, objetivamente muy restringidos, pero que subjetivamente parecen vastos, el hombre puede dar libre curso a sus fantasías y ambiciones.
El mundo de la reacción y no la reflexión; los placeres, la ignorancia, el gregarismo y la carencia de autoconocimiento son las marcas de este sistema que se autorregula perviviendo a través de multitud de leyes.

Pero es sustancial tener presente que en realidad la Ley General no es una prisión, simplemente es el sistema con el que se rige la vida en la Tierra. Es una ley universal. No tiene relación con sistemas de control creados por élites secretas que gobiernan el mundo, ni fuerzas superiores a las humanas que nos manejan cual granja bovina. No es el caso. Todo eso existe en cierta medida, pero no es tan poderoso como suele creerse, ni tan importante.

Lo que es trascendente es conocer que tenemos la posibilidad de alejarnos de la Ley General con la finalidad de que no nos domine como hasta ahora. A esto lo llamaron Ley de Excepción. Trabajando sobre sí mismo, un ser humano puede participar en la Realidad si provoca la desaparición de sí. Si desaparecemos ante la Ley General, nos volvemos individuos íntegros, escogedores de nuestro devenir.

Por este motivo, salir de las influencias mecánicas que mantienen al colectivo humano en tal estado es un trabajo contra natura, porque no es común en nosotros transitar el Camino. Esto es lo que significa estar en el mundo sin ser del mundo: salirse de las leyes que a todos nos gobiernan para convertirnos en individuos íntegros que participan en la realidad de forma consciente y abarcadora. 

Ver también: 

- Influencias A e influencias B